Hay obras que no necesitan explicación. Basta rodearlas, mirarlas en silencio y dejar que hagan su trabajo. “El Abrazo” es una de ellas.
Desde hace unos meses, Logroño cuenta con una nueva escultura en el espacio público. Se trata de El Abrazo, una obra de Rubio Dalmati y Narvaiza, ubicada en la plaza que hoy lleva su nombre, en plena Gran Vía Juan Carlos I, en la confluencia con Avenida de La Rioja y Avenida República Argentina.
La escultura fue inaugurada por el alcalde de Logroño, Conrado Escobar, en un acto sencillo pero cargado de simbolismo. Una inauguración que no buscaba protagonismo, sino dar el lugar que merece a una obra que habla de lo universal: el gesto humano más simple y, a la vez, más necesario.
Una obra que mira a la ciudad
El Abrazo está realizada en bronce con pátina marrón y se asienta sobre un pedestal discreto, integrándose con naturalidad en el entorno urbano. No impone. No invade. Está ahí, esperando al paseante, dialogando con quien se detiene unos segundos frente a ella.
Durante el acto, se recordó la trayectoria de sus autores y el profundo vínculo que ambos mantuvieron con Logroño. Tío y sobrino, Rubio Dalmati y Narvaiza dejaron una huella imborrable en la ciudad, formando parte de su paisaje cotidiano a través de numerosas obras repartidas por plazas y calles.
Un legado muy presente
Ambos artistas desarrollaron gran parte de su carrera en Logroño y su entorno. Su obra no solo embellece la ciudad, sino que forma parte de su identidad visual y cultural. Resulta difícil imaginar Logroño sin algunas de sus esculturas más reconocibles, que han acompañado generaciones enteras de vecinos.
El Abrazo llega como un homenaje y, al mismo tiempo, como una continuidad natural de ese legado. Una pieza que no mira al pasado con nostalgia, sino que se instala en el presente, abierta a nuevas miradas y significados.
Cuando el arte se vuelve cotidiano
Quizá lo más interesante de esta escultura sea precisamente eso: su capacidad para pasar a formar parte del día a día. Para ser fondo y, a la vez, mensaje. Para recordarnos, en medio del ruido urbano, algo tan básico como el valor de un abrazo.
Logroño suma así una nueva obra a su espacio público. Y con ella, un nuevo punto de encuentro entre el arte, la ciudad y las personas.
